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Entrevista a Liliana Saidón
(Primera parte)

Liliana Saidón es la Directora del Centro de Investigación Babbage, institución que surge como consecuencia del encuentro de experiencias en investigación didáctica, tareas editoriales, informática y docencia.
Liliana tiene una gran trayectoria en capacitación docente y es un referente de gran importancia en Informática Educativa en Matemática.

-¿Cuál es el aporte de las herramientas informáticas en las clases de Matemática?

Es habitual que pensemos su aporte como medio e instrumento para elevar la calidad educativa, como recursos didácticos. Este enfoque es correcto pero no es el único ni el más importante. Los recursos informáticos / telemáticos tienen un impacto profundo en todos los ámbitos e imponen cambios al funcionamiento de la sociedad, a sus formas de producción, a la manera de encarar el conocimiento en general y en cada una de las áreas en particular – con énfasis en la matemática y sus aplicaciones -, planteando nuevos problemas y no sólo redefiniendo la forma de resolver los ya conocidos. Este es un tema que se vincula directamente con aspectos tan concretos como la capacidad de retención de la escuela en la medida en que permite una formación que los actores perciban como actualizada y relevante.

Las áreas disciplinares están sufriendo cambios. Se formulan nuevos contenidos, nuevas metodologías y nuevas miradas sobre los contenidos clásicos a partir de la elaboración de producciones de la ciencia y demandas impuestas por la evolución del mundo extraescolar. Así, adquieren particular relevancia las habilidades relativas al trabajo en equipo, la comunicación y procesamiento de información.
Más allá de estos aspectos que cruzan a todas las materias, vale la pena puntualizar cuestiones referidas específicamente a la matemática.
La educación escolar en matemática ha tenido, tradicionalmente, alta carga de preocupación por el desarrollo de habilidades de cálculo. Se trataba de un saber indispensable tanto para la vida diaria como para la adquisición de conocimientos de orden superior. La aparición, difusión y masificación de instrumentos de cálculo y producción algorítmica rápidos y precisos (desde las calculadoras hasta los procesadores algebraicos) ha cambiado el escenario.
Para señalar un ejemplo simple: no dejamos de enseñar logaritmos porque eran “pesados y difíciles” sino porque se han popularizado y difundido a bajo costo las calculadoras que permiten resolver fácilmente los cálculos que antes se simplificaban usando logaritmos.
Tanto los utilitarios generales (como hojas de cálculo) o específicos (procesadores y graficadores para estadística, geometría, análisis...), establecen una nueva dinámica disciplinar. Por ejemplo, a medida que la planilla de cálculo deviene una herramienta más cotidiana (no tan accesible como el lápiz y papel sin duda, pero al menos... casi como una calculadora), se divulgan las resoluciones por tanteo e iteración descontando la automatización que ofrece este utilitario. Aunque no presente concretamente en el aula, de hecho conforma crecientemente el repertorio de recursos internalizados a la hora de presentar problemas y considerarlos viables de una resolución relativamente accesible.
A medida que se divulgan los graficadores de funciones, aún en las escuelas en que no se empleen directamente en clase, se tiende a enfatizar la capacidad de “leer” un gráfico e interpretar la influencia de cada variable, en desmedro del que habitualmente se destinaba al trazado - en papel cuadriculado o milimetrado -. Porque el trazado de la gráfica (de la función) o la producción del gráfico (estadístico) ha dejado de percibirse como problema central... “eso lo hacen las computadoras... “ parece ser la tácita explicación que flota en el estado de conciencia aún de quienes no cuentan concretamente con las computadoras en la escuela.
Como aún quienes no cuentan con las computadoras para el empleo durante sus clases, sí descuentan que allí están, para facilitar algunos de los aspectos, digamos más pedestres de la actividad matemática, se ha divulgado otro estilo de demanda respecto de lo que se considera “saber matemática” o “ser bueno en matemática”.
Ahora se demanda capacidad para modelizar (representar en términos matemáticos los datos y relaciones de un problema) y para controlar críticamente el resultado de un proceso aritmético o algebraico (evaluando su validez, estimando mentalmente el orden de valores que debería obtenerse para descartar simples errores de tipeo), saber distinguir y retener la información relevante (no memorizarla) sin pretensiones de exactitud, etc.

En síntesis, el impacto de las herramientas informáticas en las clases de matemática es mucho más amplio que su aporte: en clases en que no pueden aportar en concreto y efectivo, ya modifican la selección y el énfasis, la demanda y la evalución.
Este efecto es simultáneamente comprensible y... alarmante: a los estudiantes a los que sólo la escuela podrá dar acceso a los recursos informáticos cuyo aporte se “da por sentado” es a quienes más va a afectar esta tácita demanda circulante (mientras la escuela parece a veces... “la última en enterarse”).
Mientras se descanse en implícitas creencias mágicas (“los chicos, a usar la computadora... aprenden solos”) y se espere a nivel de demanda social, laboral y académico que todos sepan (como por arte de magia, repito), emplear los recursos informáticos... más complicada será la confrontación con la realidad para continuar estudios, estar capacitado para trabajar o, incluso, participar como ciudadanos... sobre todo a aquellos a los que la magia no logre alcanzar y sigan necesitando, para aprender, de la enseñanza.

-¿De qué manera sugiere introducir estas herramientas en las clases?

Cuando se delega las tareas de cómputo, cálculo o construcción (una vez que los estudiantes dominan su operatoria, racional y mecanismo... no antes), es para dedicarse al desafío de mayor nivel en juego. Por ejemplo, si empleamos un software para que trace la gráfica de una función, es para poder centrarnos en desafíos de análisis de mayor nivel que el implicado en el trazado. No para automatizar y facilitar respuestas.

Vale la pena reiterar que el uso de las calculadoras no invalida la necesidad y requerimiento de que los alumnos dominen la aritmética básica y el cálculo mental. Es importante que los alumnos sepan apelar a la tecnología para desembozar situaciones con múltiples, complicados y/o complejos cálculos pero no que deleguen lo operatorio básico, sencillo o estimable.
Mi sugerencia está relacionada con el reparto de roles que considero más adecuado: que en la computadora se deposite lo “pedestre” y los estudiantes se puedan hacer cargo de las resoluciones, estrategias, actualización funcional de los conocimientos...

Los programas de representación y modelización – como los de geometría dinámica, graficadores de funciones, operadores simbólicos y algebraicos. - facilitan la obtención de variadas instancias de trabajo con el mismo objeto, y permiten formularse preguntas y explorar en busca de respuestas, Preguntas como, por ejemplo: “Si las medianas de un triángulo se intersectan, ¿qué pasará con los segmentos que trisectan el lado opuesto?” y hacer los ensayos que se desee. Debido a que puedo acceder rápida y fácilmente a variedad de ensayos, pueden aparecerme preguntas de ese estilo. La exploración y la conjetura pueden pasar a ser parte central del trabajo matemático. Los alumnos pueden dedicarse a controlar conjeturas que han fraguado además de verificar resultados conocidos de ejercicios presentados.
Los utilitarios que permiten la graficación y manejo de símbolos, evidencian la vinculación entre la representación gráfica y algebraica de funciones.
Los alumnos pueden explorar cómo afecta la forma del gráfico cambiar cada coeficiente de un función cuadrática o comparar el gráfico de f(x) con el de f(x+a), f(ax) o f(x) + a, por ejemplo. Es posible, además, una aproximación “empírica” a conceptos como límite, convergencia, para que los alumnos “tiendan” bases de apreciación intuitivas que los ayuden a concebir ideas complejas.
En definitiva, las herramientas tecnológicas aproximan lo general y vuelven más accesible lo abstracto. La matemática cobra un cariz exploratorio a expensas del auxilio de cálculo, trazado y representación de los recursos informáticos que respaldan la heurística novedosamente.
Sin embargo, debemos tener presente que el esclarecimiento de la comprensión descripto en los ejemplos no sólo es posible sino materializable cuando hacemos un uso apropiado de los recursos. Una exposición colorida y ostentosa, puede dejarnos boquiabiertos pero desconcertados. La transparencia de los resultados pueden esconder mejor el proceso involucrado e impedir que los alumnos desarrollen su discernimiento básico al respecto.
También es importante señalar los riesgos de depositar demasiadas expectativas en los buenos oficios del software. Por ejemplo: el ágil control múltiple de conjeturas que admiten los utilitarios, pueden confundir al alumno que llega a considerar que los numerosos ejemplos son suficiente “prueba”, que la ratificación empírica más que respaldarla, garantiza la validez de su conjetura.

Agradecemos la valiosa colaboración de
Liliana Saidón.

Ver la segunda parte de esta entrevista