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Entrevista a Liliana Saidón
(Segunda parte)

Liliana Saidón es la Directora del Centro de Investigación Babbage, institución que surge como consecuencia del encuentro de experiencias en investigación didáctica, tareas editoriales, informática y docencia.
Liliana tiene una gran trayectoria en capacitación docente y es un referente de gran importancia en Informática Educativa en Matemática.


-¿Qué sugerencias le haría a un docente de Matemática que aún no utiliza la computadora en sus clases?

La participación en el mundo productivo dependen, en buena medida, de la capacidad de comprender y emplear herramientas simbólicas, de representación, comunicación y procesamiento. No se trata de entrenar para el empleo de un recurso específico: se entiende que la escuela no podría marchar al ritmo de la última tecnología para dar respuesta a semejante demanda y no debería quedar condenada a invertir sus esfuerzos en reflejos de corto alcance, relegando sus auténticos propósitos de formación.
Sí, se trata de enseñar la forma de aprender rápidamente los elementos básicos de la tecnología para desarrollar la capacidad de aprender a aprender posibilitando, así, una capacitación permanente.
En todas estas instancias, la posibilidad de seguir aprendiendo va a depender de la efectiva integración de sólidos conocimientos generales, incluidos los vinculados al dominio conceptual (específicamente en matemática), más que instrumental, de las herramientas informáticas.
Por eso, es importante examinar si la decisión del docente respecto a no destinar el escaso tiempo de clase al empleo de la computadora está basada en priorizar la formación básica, conceptual de la que sus alumnos podrían carecer (incluso en grado severo).
Supongamos que lo ha aquilatado, ha tomado en cuenta incluso si la institución está preparada o no para respaldar el empleo de la computadora en su hora de clase (en algunas instituciones, es terrible el tiempo parasitario implicado en “llevar” a los alumnos hasta el laboratorio, ponerlo en funcionamiento, etc., etc.) , ha notado que sus alumnos tienen alternativas de acceso a las PCs - en otros horarios (de otras materias o incluso extraescolares, en PCs domésticas o de locutorios) - ... y finalmente ha llegado a una decisión meditada...
Evidentemente, lo que podría proponerle sería muy distinto a lo que le sugeriría a un docente en que no medió decisión sino continuidad de lo habitual.
En el primer caso, podría animarme con sugerencias de orden práctico. En el segundo, creo que habría que dialogar previamente para que le resultara observable la modificación disciplinar (más que didáctica) que el empleo de recursos informáticos ha puesto en juego dentro de la matemática y cuál es el tipo de formación matemática que se demanda.
Al primer docente, le podría sugerir quizá...
... trabajar en clase no “sobre” las computadoras pero sí “con” las computadoras... Del mismo modo en que institucionalizamos y recuperamos al terreno conceptual o formal los conocimientos prácticos de los alumnos que hacen tácitamente matemática cuando manejan cambios en las compras y ventas u otras operaciones de la vida contidiana, también valdría formalizar esa pericia ganada en la operatoria con la PC fuera de la clase de matemática (máxime si se trata de empleo en la escuela o para la escuela pero incluso, para lo aparentemente no escolarizado).
... encontrar el modo de comunicarse y acordar con quien sí pudiera, dentro de la escuela, acompañar a los alumnos al laboratorio (el coordinador, el profesor de informática si lo hubiera...) para potenciar el trabajo de uno y otro con los alumnos: sea para recuperar en clase los contenidos conceptuales (puestos en juego cuando resuelven problemas con recursos generales o específicos) o, viceversa, para solicitar que desarrollen en laboratorio algunas actividades muy vinculadas con los contenidos en juego en la clase de matemática (actualizados, con recursos generales o específicos).
En el caso del docente que no ha decidido sino que continúa, habitualidad mediante, dando sus clases como si no existieran cambios disciplinares y de contenidos a raíz de las computadoras, le sugeriría que se tome el tiempo para interrogarse, revisar reflexivamente su práctica, actualizarse a nivel disciplinar y didáctico...
Le sugeriría que, además, no haga esto en soledad, que no se auto-exija una actualización en aislamiento sino que busque en sus colegas interlocutores para encontrar, colaborativamente, cómo abrir nuevas sendas. Alternativas a los caminos que, acaso, sigue transitando más por costumbre que por pensada decisión. Con colegas (cercanos, o aproximados telemáticamente vía EduMate... sin ir más lejos) es menos arduo plantarse protagónicamente frente a la propia practica para pensarla, pensar...
Aunque es frecuente que lo cotidiano nos desborde, los problemas crecientes de los alumnos con la matemática, la conquista del pensamiento formal y operación simbólica en general, nos confronta con la urgencia de pensar. Y, como dicen... “para pensar, es mejor ser varios”.
En el límite, vuelvo a la creencia que apacigua demandas y permite que la escuela (que es un institución que puede preferir pensarse refugio de los inmutable a perpetuidad) haga oídos sordos a los cambios y los impactos... la que puede resumirse en el latiguillo: “los chicos, a usar la computadora aprenden solos”.... Como todo “eslógan”, éste requiere revisión permanente. Cierto es que, por ejemplo, nadie precisa que se le “enseñe” a ver televisión. Y si, análogamente, nos referimos a la función de la computadora como medio de difusión y entretenimiento... estaríamos casi en lo cierto respecto del dominio espontáneo. Pero... a poco que lo pensemos... no aceptaríamos que en la escuela en general y en la formación matemática en particular, la computadora apenas oficie como medio de difusión y entretenimiento. Fuera de estos ámbitos, adentrándonos en los recursos informáticos que cruzan la representación, procesamiento y operación simbólica... la intervención didáctica es imprescindible.

- y ¿a un docente que sí la utiliza?

Una de las sugerencias sería que se tenga paciencia y que acepte que, lógicamente, al principio diseñar una clase empleando estos nuevos recursos le va a demandar más tiempo que el que suele destinar a preparar la habitual y tanto más en el examen de lo sucedido y cualitativamente más destinado a replantear la evaluación de sus alumnos en la novedosa situación. Circular dentro del laboratorio en donde el contrato pedagógico (no sólo el didáctico) se “transtorna”, las demandas de los grupitos frente a cada PC se diversifican, la evaluación se evidencia como proceso “mientras” los alumnos intentan las resoluciones y no sólo cuando presentan resultados... configura todo un desafío y, por tanto, una oportunidad.
Algunos docentes prefieren ir ganando confianza paso a paso, comenzar con acercamientos acotados, planificados, convergentes y cerrados... avanzando hacia alternativas sucesivamente más amplias, diversas, abiertas. Otros, sobre todo cuando cuentan con respaldo o porque su estilo los empuja, se atreven más directamente con la exigente dinámica que, al trabajar con las computadoras en resolución de problemas, se establece en la clase. Mi sugerencia es... justamente, que vaya evaluando cómo evolucionar propiciando situaciones de genuino aprendizaje, en lugar de intentar acatar dictámenes sobre “el” modo en que “debe” adoptar innovaciones para que los alumnos se diviertan u otro lema cualquiera.
La confrontación con las dificultades de los alumnos para actualizar conocimientos a partir de un desafío (que relaciona un contenido con un utilitario general o específico) es una cuestión crítica que demanda complejas decisiones didácticas. En muchas oportunidades, se pone en evidencia la falta de conocimiento funcional de contenidos que, en otros contextos, más discursivos, parecen ser “dominados” por los alumnos.
Esto también es necesario sobrellevarlo lidiando con la auto-exigencia (a veces es el mayor escollo para perseverar en caminos nuevos)... con dedicación (¿quién decía que los docentes trabajan pocas horas?.... ;-)), reflexión, establecimiento de estrategias en el proceso de cambios (en los que la computadora es una oportunidad), comunicación y diálogo con otros, dosis de humor y, claro, equilibrio.

Quisiera agregar que no todo depende de la decisión del docente de sí o de no emplear los recursos informáticos. De hecho, en nuestra experiencia en capacitación docente, notamos que quienes trabajan en varias escuelas, los emplean en una institución y no en otra... por las condiciones diversas (horas de cátedra asignadas, número de chicos, etc., etc.).
De hecho, esta apropiación de recursos involucra, a nivel institucional, un cambio.
La producción de cambios no sólo, como reza el lugar común, es difícil porque “todo cambio es difícil” (difícil de imaginar, de planificar, de implementar, manejar, administrar, observar, mensurar, determinar y controlar ) sino porque los verdaderos cambios involucran la complejidad del cambio en la práctica: es multidimensional (nuevos medios materiales, nuevos recursos y abordajes didácticos, cambios en la dinámica institucional, en el sistema de creencias, cambios doctrinarios....).

El docente, además de la imprescindible actualización, debe ir ajustando, a la luz de las demandas, cualquiera de las dimensiones a trabajar: contenido y organización; metodología de dictado; contexto organizacional; control; evaluación.... Semejante proceso, requiere decisión, capacitación desde el vamos y respaldo.

En muchas oportunidades, es la decisión entusiasta la que suple otras faltas. Como me escribió una ex alumna, “miré las tres máquinas viejitas, los dos mouse sin bolilla, el desbarajuste general de lo que llamamos laboratorio; acomodé mis apuntes y los programas que llevé para instalar y pensé... voy a escribir al grupo para contarle que sí, que este año... ¡algo vamos a poder hacer!”

Agradecemos la valiosa colaboración de
Liliana Saidón.


Ver la primera parte de la entrevista.